entonces de aberraciones me dejé de hablar, varios tartamudos me miraron queriendo hablar, dos ciegos se detuvieron como para dar mejores bastonasos y asegurarse que todo estaba bien, sus ojos en cambio siempre me miraban fijos, sus ojos azules estaba pintados, parados, fotografiados en mi mente, ella miraba su sangre, bueno, nuestra sangre, yo también había contribuido a eso
luego no paramos de mirarnos, sin yo decir mas de lo que podía decir, que tenia miedo, que ellos iban a estar bien, que este no era su momento, que sus latidos esperarían más, y me fui.
me deje de ocupar, pero la preocupación me la lleve para mi casa, y no me dejaba, hasta me obligo a escribir, como para sacármela de adentro, como para desenvenenarme del cariño, de su mirada de confianza, de sus miedos y de los mios que juntos se multiplicaban por mil.
al mirar mi techo esos ojos con los que desperté por días, me miraban de nuevo.
de pedían de nuevo
me confiaban de nuevo.
yo quería creer en que todo saldría bien, pero desgraciadamente conozco los números.
vida tiene algunos números y costos, para todo lo demás hay.... mastercard... jajajaja
entonces descubrí que entre la tarjeta y mis soplidos ella sentía agradable el aire en la frente sudorosa, ardiente y preocupada, combinada con los ojos vidriosos y las lágrimas, todo podría ser un poco mejor con el aire.
sí, acá afuera hay mucho viento, pero ahí dentro, con solo mi boca y mis cachetes inflados (y la tarjeta) daban la frescura necesaria en ese instante en el que el mundo se nos desmoronaba y las cosas se nos ponían rojas, calientes y aterradoras.
Comentarios
Descubrí tu blog a través de Roberto.
Te sigo entre líneas.
Abrazos.