Lo que realmente importa

Columna El Mercurio de Santiago
Cristián Warnken

Jueves 06 de Marzo de 2008
A ti

A ti que lees estas líneas, que estás bajando por una de las tantas autopistas de la ciudad en esta mañana de marzo o, tal vez, estás en un vagón del Metro -con la mirada extraviada, como todos los que viajan a esta hora-, o paladeas el primer café y recorres distraído las páginas de este diario, buscando algo que no sabes qué es. A ti, que llevas a tus hijos al colegio y que acabas de no escuchar una pregunta que te hizo tu hija más pequeña, porque estabas pensando en otra cosa. A ti, que acabas de salir de la ducha y te ves un instante en el espejo. A ti, que pasas rápido a mi lado y casi me empujas y no me ves. A ti, que -con apenas 18 años- te levantas con el tedio pegado en el alma y te enchufas al computador para no abrir la ventana de tu pieza que da al jardín. A ti, que miras a tu marido todavía dormir a tu lado, y ves su nuca y su piel gastada, y sientes en el centro de tu pecho un hueco, la sensación de un cansancio del que quisieras huir a miles de kilómetros de ahí. A ti, que estás comprando el pan sin emocionarte con su olor y su temperatura. A ti, que entraste al cajero automático y descubriste que el saldo de tu cuenta era negativo, y sientes miedo, rabia, angustia. A ti, que acabas de dejar a tu niño en la sala cuna y te fuiste sin cantarle esa canción "que a él tanto le gusta". A ti, que acabas de entrar en la oficina y te dispones a iniciar un día igual a todos los días, trabajando sin amor por lo que haces, como pieza de un engranaje que te devora.

A ti quiero agarrarte de la solapa, del brazo -con respeto, pero con fuerza-, a ti quiero detenerte en tu carrera loca y decirte lo que tal vez nadie te ha dicho nunca, porque no se enseña en los colegios ni aparece en los diarios. Yo no soy nadie para quitarte cinco minutos de tu atiborrada y desesperada agenda, soy uno más entre los millones que bajan esta mañana a comenzar un día más en la ciudad. Entonces, ¿por qué habrías de desconectarte de tu "iPod" o apagar tu celular para escucharme? Pensarás acaso que soy un predicador más, un vendedor de seguros, o alguien que quiere robarte a plena luz del día. Sé que me mirarás con recelo, con molestia, con desconfianza.

A ti, que me oyes pendiente de tu reloj, quiero decirte, antes de que desaparezcas devorado por la multitud: "El hombre es desgraciado porque no sabe que es feliz. ¡Eso es todo! Si cualquiera llega a descubrirlo, será feliz de inmediato, en ese mismo minuto. Todo es bueno".

¿Y eso era todo? -me dirás-. Sí, y te digo: todo lo demás, fuera de eso, es nada.

Si te he agarrado de la solapa y te he abordado a esta hora de la mañana de este jueves que escribo es para decirte que eres feliz y no lo sabes. Y que eso que te dije lo dijo una vez un hombre como tú, que se llamó Dostoyevski. Y yo, ¿quién soy para hablarte así, para entrar en tu privacidad y leerte la cita de un ruso que no conoces? Yo soy el muerto. Yo estoy muerto, tú estás vivo.

¿Muerto tú? -me dirás-. ¡Pero si puedo tocarte y verte y oírte!

Sí, pero estoy muerto. Yo me levantaba en las mañanas como tú, prendía la radio como tú, paladeaba un café como tú, miraba distraído las primeras nubes en el cielo, y llevaba a mi hijo al jardín, y no sabía que era feliz, que estaba vivo. No lo sabía, como tú no lo sabes, como no lo saben tantos que no pisan con placer las primeras hojas del otoño, que no se detienen a ver los primeros rayos de luz colarse por la ventana para entibiar la piel del o la que duerme todavía a tu lado.

Pero esto, en realidad, no me lo enseñó Dostoyevksi, sino mi pequeño hijo Clemente, un niño como millones de niños que en este momento son llevados al colegio, un niño que me hizo una pregunta que no escuché una mañana de un jueves como hoy. ¡Eres feliz y no lo sabes! Eso es lo que enseñan los niños que mueren, eso lo aprendemos de un golpe los que morimos con ellos, eso es lo que los vivos como tú no pueden escuchar.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Mi madre te habría aplaudido y de seguro que diría algo como "llevo años intentando que esta burra lo entienda, pero no hay caso"...

Creo que por alguna razón extraña todos le tememos a ser felices, como si siempre estuvieramos buscando algo más, algo que nunca tenemos pero queremos y así pensamos que lo que hay a nuestro alcance es insuficiente, escaso, insignificante, que la felicidad tiene que venir a nosotros por arte de magia y cambiarnos la vida, que ella conciste en nunca sufrir, en nunca sentir algún rsguño... la felicidad está tan cerca de nosotros que no somos capáz de verla...
Vamos que hay que dejar de hacernos las víctimas!!! tengo una vida maravillosa, una familia perfecta y un hombre que que ama. No necesito nada más para ser dichosa y aunque perdí en algún lugar el collar regalón que nunca usé y aunque el cuerpo me reclame por ser mujer, por recordarme que tengo la capacidad de engendrar pero que este mes no (con ese hombre no)... soy dichosa, gozosa y gloriosa!!!

Amen
Anónimo ha dicho que…
antes de que lo olvíde!!!
con relativa frecuencia me sacó la suerte con la lectura del tarot y simpre sale mucha gente que me rodea, personas que ni siquiera había notado, pero tu nunca sales... no sé si eres el secreto mejor guadado o qué, ¿existes?...
serás producto de mi imaginación?
si así fuera estaría frita, lista pal siquiatrico por crear un personaje tan complejo.
Anónimo ha dicho que…
bueno, despues de leer esto, sí soy una desgraciada mujer, pero lo tengo clasisimo.....tengo tanto y sabiendolo aun peco de desgracia, gracias por ser tan insistente en lo mismo todo el tiempo, realmente te creo un iluminado, y si acaso no lo fueses realmente, lo intentas y eso es valido, hoy al abrir tu blog y encontrarme con esto ratifico todos mis inconformismos y mi falta de gratitud ante la vida....los seres humanos somos inperfectos aunque algunos digan lo contrario, espero tu vida marche bien y seas un agradecido, besitos cuidate...

de erika (una desgraciada, que mas encima olvida su clave de entrada para mojita, asi de desgraciada, para un hombre feliz (espero) chau
Anónimo ha dicho que…
Wallitssss no habia leido por lo largo del escrito la floja, pero creeme que por otras circunstancias lo terminé leyendo igual.

Y soy la del espejo recien bañada que se mira,
y es así.

Agradecida de todo
y de ti, por compartir lo que piensas con esta pobre pendex que te molesta de cuando en vez.
Hay que acordarse más seguido de agradecer por tuti.

Besote

Piis

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