hoy la desidia supero mi honra.

Escribo desde la no sapiencia, desde el amargo raspado que deja en la garganta el haber tragado odio, saliva y lágrimas.
No hablaré de lo obtuso y ciego del odio, de lo abismantemente transformador que puede volverse un recuerdo negativo, un susurro frío que nos hace perder nuestro norte, que ya era lejano y nuboso.
Quiero hablarle al tesón, a la energía de ese hombre que fue capaz de negar sus afectos, su emoción, sus ganas de escapar, su deseo de correr, su necesidad de llorar, a ese que tuvo que limpiar su lágrimas sucias en la soledad, de ese que fue golpeado, por el tiempo, por los amigos y por su propio orgullo, a ese que nadie valoró.
A ese le digo:
"tu sabes lo que en tu corazón es lo correcto, tu sientes que eres solo un peón, regocígate de ser el útil, regocígate de acompañar, si, a veces sólo esa es tu función, acompañar".
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Al caer violentamente en la tierra fué cuando más se elevó, estirando sus dedos hacia el cielo cogió al sol con sus manos, se hizo sol y volvió a brillar.