They’ve run as if the very whips of their masters were behind them.


Me descubrí de nuevo corriendo, buscando, soñando, era mi maestro quien me alentaba desde atrás, con el látigo me amenazaba, sonaba contra el suelo, me rozaba la espalda, se acercaba, se acercaba…

Luego nada podía ya detenerme, no era yo el que corría, mis pies no eran mis pies, eran polvo, yo era polvo, él era un huracán detrás, yo uno más grande alejándome a cada segundo.

Porque siempre quise serlo, porque siempre quise correr así de rápido, porque siempre estuve destinado a hacerlo…

Hoy te dejaré me dijo, en realidad tu me dejarás…

Hoy tu camino se separará del mío, desde hoy quizás tendrás que buscar otro maestro, finalmente hoy ya estás listo, finalmente te he entregado todo lo que necesitabas de mi, estás listo para la siguiente etapa, para mi ha sido un honor tenerte de discípulo.

Así llegó el último día con Josh, un maestro alfarero del norte del altiplano peruano, radicado en el sur de Chilito, un día cualquiera de verano, sin más, me entregó la libertad que no quería, me dijo que estaba listo para seguir, yo no lo sentía así, pero cuando eres discípulo te rindes y la voz de tu maestro es tu voz interior.

Emprendí el retorno, marché al norte buscando mi antiguo hogar, me di cuenta que las sandalias ya olían mal, era el momento de cambiarlas…

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
te apuesto que mas temprano que tarde volverás al cobijo de otro maestro, a decir verdad, creo que volverás a buscar a uno antiguo

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