Discipulo de nuevo



Me arrodillé apoyando una rodilla, le dije "maestro, no dejes de iluminarme, no permitas que la pereza, el desaliento o el desamor nublen mi mirada, no permitas que por un segundo pierda el brillo en los ojos, no permitas que las tazas de café tergiversen el sabor del café y por sobretodo no permitas que pierda mi misión..."

Él cariñoso pone una mano en mi hombro y me dice " levántate, hoy naces de nuevo, hoy eres algo nuevo que descubrirás en este otoño, fortalecerás en invierno y verás como florece en primavera..."

Gracias, tu eres mi maestro y yo tu discípulo.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¡Que terrible desvarío! yo sentada junto a ti, contigo, y tu tan sólo sin saber que estás conmigo.
Tal vez en las arenas de tu corazón mi sangre erró de vena y se perdió.

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