mi elegida



Con los ojos llenos de lágrimas, evadiendo los míos, con la cabeza inclinada hacia delante, su taza de café en el mismo lugar desde hace más de una hora me dice: "...yo la amo... yo la adoro, pero entiendo si ya no soy ese hombre que ella necesita..."

Me acordé cuando estábamos caminando con mi Maestro del Desierto, llevábamos días buscando un poblado pequeño llamado Peine, un pueblo en el desierto de Chile, perdido a años de distancia de cualquier otro poblado (caminando bajo el sol mortificante de día y casi muriendo de frío cada noche lo parecía). ¿Qué encontraríamos en Peine? le pregunté al comenzar el viaje, él y yo, solos, con agua, algunas latas de comida y ropa de abrigo. Vamos a encontrar a mi elegida, me dijo.

Entonces yo lo miro y le digo: "...si la amas, ama con todo lo que tengas y ese amor a veces nos impulsa a hacer las cosas un poco mejor, esfuérzate en construir y deja de correr...".

Mi maestro me mantenía durante gran parte del camino pensando en su amada, en lo hermosa que es, en lo infinito de su mirada, en la seguridad que él alcanza junto a ella, en esa sensación que siempre tiene con ella: la búsqueda se acabó, es hora de amarte y descansar.

Finalmente llegamos, en la mañana de un día de febrero, las nubes lo cubrían todo y la lluvia del invierno altiplánico comenzaba tenue, suave pero persistente. Mientras camina mirando al cielo dice "en un día como este la conocí y supe que ella era la indicada. Una vez que la vi sentí que era la mujer con la que compartiría mi vida..."

Seguimos caminando acercándonos al pueblo y se detiene en uno de los pocos árboles que hay justo antes de comenzar una seguidilla de pequeñas edificaciones de adobe "aquí está ella" se hinca y me muestra una pequeña placa circular con un símbolo tallado en madera, "aquí, una tarde también de lluvia la abracé y nos besamos por última vez".

Su mujer había muerto en sus brazos hace más de 20 años, en ese pueblo donde él la había conocido, luego habían recorrido el mundo, conocieron juntos la luz y la iluminación, pero la enfermedad la había llevado primero y quizo morir así y allí.

Te traje aquí, me dijo, solo para que pensaras en algo, se hincó, apoyando ambas rodillas sobre la plaquita de madera, yo me hinco con él, me mira con los ojos llenos de lágrimas: "cada vez que sentí que tenía que decirle que la amaba, lo hice, cuando sentí que debía dejar de correr solo, para construir juntos, lo hice, cada vez que sentí que tenía que callarme para escucharla, lo hice, porque la amé con todo lo que era y le di todo lo que tenía, hoy siento que hice lo correcto y estoy en paz".

No olvides nunca esto, cuando se ama, se ama con todo lo que hay, me dice ahora poniéndose de pie, se que han sido meses difíciles, en que te ha sentido solo, en que caminaste por el desierto sin mi compañía, aunque yo estaba a tu lado, has sentido angustia y tristeza, pero cada uno tiene un camino que recorrer, y que eres muy joven quizás para comprenderlo, pero nuestro tiempo juntos también se acaba.

Luego, al poco tiempo mi Maestro del Desierto tuvo que hacer un viaje al que yo no le podía acompañar, esa era la última vez que él visitaría esa memoria de madera a los pies de uno de los árboles del desierto...

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